Empezar desde abajo. Crecer. Volver a empezar.
Empecé a trabajar muy joven, durante los fines de semana y las vacaciones, en el taller de mi padre. A los dieciocho años comencé a trabajar de manera continuada, sin dejar de estudiar: en casa también hacía falta mi ayuda. Fui auxiliar contable, realicé estudios de mercado, trabajé como adjunto al jefe de Administración, asumí la responsabilidad de la Administración Comercial e impartí clases de Formación Profesional. Experiencias muy distintas que me enseñaron el valor del trabajo, del compromiso y de la responsabilidad.
Después de terminar la carrera y acumular ocho años de experiencia profesional, a los veintiséis me ficharon como director general de una empresa familiar. No era la empresa de mi familia: un empresario decidió confiarme la dirección de la suya cuando yo todavía era muy joven.
A los treinta y cuatro años podría haber permanecido en una posición segura. Elegí volver a ponerme a prueba, mejorar mi inglés y prepararme para una carrera internacional. No todo salió bien al primer intento. Precisamente de eso fue de lo que más aprendí.






